05 · 09 · 2010   Foro mamá a mamá     Nosotros     Contacto     Iniciar Sesión       
PREVENIR, MEJOR QUE REMEDIAR.
 
Francisco Valenzuela Indart, EMANAS
La verdadera educación es anticipación, previsión. No se trata de que veamos en nuestros hijos unos seres malos, que a la primera van a hacer de las suyas, pero tampoco son unos seres angelicales que nunca van a hacer nada inconveniente. Son seres perfectibles, es decir en camino de ser mejores, si nos empeñamos en ello.

Muchas de las veces que tenemos que remediar será por no haber previsto la situación. Al no haber puesto – nosotros junto con ellos, o al revés – el esfuerzo y/o los medios necesarios para hacerse mejores, los hemos dejado hacerse peores.
La no prevención permite la comisión de una conducta negativa, una vez, otra vez, muchas veces, hasta formar un mal hábito, un vicio.

De allí hay sólo un paso a la adicción, que indica un patrón o “molde” de conducta repetitivo, compulsivo, en el que la voluntad del sujeto no aparece, casi como si no existiera. Se da un estado de dependencia (psicofisiológica o sociopsicológica) frente a determinado objeto que ofrece un placer inmediato.

Pueden ser substancias más o menos psicotrópicas (drogas, enervantes), ilegales o legales como el alcohol; el sexo en todas sus variedades; el juego de azar o mecanizado, sobre todo con apuesta; la vagancia en compañía de personas de cierta tipología (aquellas cuyo aspecto, forma de vestir y de hablar proporcionan el placer de saber que a otros le son molestos); la ingestión de un determinado tipo de alimentos, etc.

Vencer una adicción es difícil porque no basta con el propio querer de la persona involucrada; depender de la voluntad de otros, que quieran ayudar (y aguantar a veces extremos vergonzosos o costosos), es algo que en sí se percibe como nefasto. Por ello, superar una adicción – que es una acción remedial – es algo de pocos resultados, al menos al estimar la relación costo / beneficio.
Combatir una adicción requiere de la ayuda especializada; no es suficiente la voluntad del hijo, ni siquiera en combinación con la de sus padres.

Debe tenerse cuidado con no entremezclar unos con otros todos los tipos de adicción y, muy particularmente, no confundir a quienes tienen un hábito inicial con un “adicto consumado” y menos meter al propio hijo en el mismo costal de todos los demás.

Recordemos siempre que una conducta aislada no es un hábito, menos una adicción.
Así que podemos afirmar que con mucho es mejor la prevención, en la que se pueden distinguir distintos niveles. Enseguida hablamos de la Prevención General, que es conveniente para todos los pequeños y recomendable para todos los padres.

Prevención General: La educación auténtica es formar en los valores vitales; el amor a la vida, a la superación, a la cultura, al trabajo, a la solidaridad, al amar. Quien se sabe útil y querido, muy difícilmente cae en una adicción; de cualquier tipo...

Los medios para el cultivo de los valores – invertimos el orden tradicional – son:

1. Convivir con otras personas dentro de actividades que encierran una realización de valores: deportivas, artísticas, de ayuda social, de crecimiento socio afectivo, vivencia religiosa, desarrollo cultural, etc.; compartiendo con adultos o jóvenes; mayormente con quienes afectivamente se está ligado.

2. Clarificación de valores: que consiste en un análisis en el que ellos participen de diferentes situaciones en principio confusas u obscuras en cuanto a su contenido de valores auténticos.
La conducción de este análisis supondrá la apertura a las opiniones y planteamientos del hijo, ayudándole, no imponiendo, al descubrimiento de causas y consecuencias.
Esta manera es más eficaz con hijos que cuestionan (o ya están en la edad en que deben cuestionar) aunque no es aconsejable entremezclar a chicos y chicas de diferentes edades.
Y se trata de escuchar mucho a los hijos, aguantándose las ganas de imponer mi propio modo de pensar. Es distinto clarificar que instruir.

3. El ejemplo de congruencia en vivir los valores predicados por parte de los padres es el medio mayormente citado y desde luego indispensable.
Sin embargo hay que considerar que en los tiempos actuales los padres no son el único modelo a seguir; al interior de nuestras casas hay tíos y tías, cuñados y cuñadas, etc.,que no ejemplifican los mejores valores.
Y no pocas veces fallamos nosotros mismos. El mejor ejemplo que podemos dar es el de la lucha por superar las propias deficiencias.

4. La instrucción, amable, clara y oportuna para definir o enunciar los valores genuinos; no impositiva, no adusta ni amenazante.
Tampoco los “rollos” interminables. Son más eficaces las intervenciones cortas y espaciadas que los grandes discursos una vez en la vida.

También hay que considerar que es mejor hablar de lo que si hay que hacer a dedicar un tiempo mayor a lo negativo. No es eficaz el asustar. La presentación de las horrendas consecuencias de las adicciones no es solamente ineficaz. Es contraproducente sobre todo y precisamente en las personas en riesgo, ya que el peligro y hasta la autodestrucción pueden ser atrayentes; precisamente para quienes tienen alguna debilidad o fisura en su estructura de personalidad y por lo tanto son sujetos en riesgo frente a las adicciones de cualquier tipo.

En ningún caso perder la paciencia, dimitir o abandonar al hijo, puesto que indudablemente se le quiere. Siempre hay algo que hacer.

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