La relación matrimonial es la base de la vida familiar. A los hijos les señala :
§ La tendencia general para entender la vida y sus circunstancias,
§ La escala de los valores realmente importantes,
§ Los modos de comportarse de acuerdo al rol social y género sexual.
El “clima” vivido en el hogar es también originado en el de la pareja. Puede ser temporal, pero si dura mucho en cierta condición, influirá fuertemente en la conformación del carácter del hijo.
A final de cuentas la relación conyugal es una pieza importante de la realización personal; si mi experiencia personal sobre el matrimonio es vivida como un fracaso y con mis hijos me lamento, suspiro profunda y tristemente o despotrico al respecto, la “moraleja” será transmitida al hijo(a) y le señalará caminos a seguir para delinear el rumbo de su propia vida; se forman patrones de comportamiento como pareja y, más adelante, como padre – madre, no del todo conscientes.
No hay relación humana libre de conflictos; mi matrimonio no es ni tiene porque ser la excepción. Tengamos presente que los problemas sirven para unir, cuando se buscan acuerdos para resolverlos, en lugar de recuerdos para recriminar al cónyuge y amargarnos la vida; lo que sintetizamos en la frase: “Es mejor acordar que recordar”
La manera adecuada de abordar una dificultad, aunque sea de uno contra otro en las pareja, es: “tenemos un problema; busquemos la forma de resolverlo”.
Si por el contrario, manejamos una dificultad de manera únicamente emocional, sin objetividad o la utilizamos como pretexto para sacar a relucir pasados resentimientos, la dificultad tendrá como consecuencia el alejamiento.
Pistas de Aterrizaje:
Ø Revisa el valor (en tiempo, en esfuerzo, en “precio a pagar”) que le has asignado a tu relación conyugal; ajusta tus actos a dicha valoración. (Cada cónyuge por separado y luego lo comparten, con total libertad)
Ø Dediquen tiempo a lograr una comunicación sincera y asertiva.
Ø Busca con tu cónyuge la mejor forma de actuar; olvida lo “si hubieras”.
Ø Lleven a cabo como pareja las actividades que saben que les dejan satisfacción, bienestar y empatía.
Ø Repasen los acuerdos sobre las cuestiones educativas de los hijos.
En el caso de las “parejas incompletas”:
q Es vital el equilibrio personal del adulto a cargo de los hijos; suple al ya no existente equilibrio conyugal. Es por supuesto difícil, pero no le queda alternativa a la persona que trata de hacer de padre y madre.
q No criticar ni defender al cónyuge ausente. (“Tu padre y yo tuvimos que separarnos por problemas nuestros”, punto) A la edad adecuada y en su momento, se expondrán los hechos, pero no los juicios o calificativos emocionales que al respecto pueda tener.
q Recordar que el padre o la madre no dejan de serlo aunque estén alejados.
q La relación con el(la) “ex” y de ambos progenitores con los hijos de alguna forma continuará; procurar que la situación sea dirigida por un adecuado equilibrio entre razón y sentimiento que persigue el bien de los hijos, evitando buscar ventajas egoístas de la situación.
|