Muchas mujeres logran superar muy satisfactoriamente la tempestad emocional; esto por la alegría que trae el nacimiento del niño, los primeros contactos con el bebé y las atenciones de los que la rodean, suele ser muy reconfortante.
Sin embargo, es muy común que a partir del tercer o cuarto día, al regresar al hogar, se empiece a alterar la estabilidad emocional para bien o para mal. Algunas veces, una puede llegar a sentirse triste sin tener un motivo aparente, lo cual es conocido como
depresión posparto.
A veces puede tratarse solo de una especie de ansiedad, que no tiene mayor trascendencia y de la que se puede salir sin problemas. En cambio, hay otras en las que la mamá se llega a sentir abatida, llora con facilidad y sin ninguna causa aparente, no se siente motivada por nada; juntándose también una culpa de no saber que hacer con esta nueva situación por miedo a no hacer las cosas correctamente.
Lo que se recomienda para estas ocasiones es que se cuente con el apoyo de la pareja, familiares y amigos para superar la crisis. Por eso es muy importante que no se sienta sola, que sepa que contará con la ayuda que necesite para cuidar al bebé y ocuparse de las tareas del hogar durante la primera época.
En ocasiones es posible que se presente una depresión profunda, un verdadero trastorno que requiera de asistencia médica apropiada, como tu médico o tu psicólogo. No es algo muy común, puesto que generalmente la mujer que sufre esta crisis tiene antecedentes de trastornos depresivos. Aún así, aunque no sea el caso, no conviene dejar pasar por alto esa sensación de tristeza, y lo más prudente es comentarlo con tu doctor, para que él valore la situación y decida si se trata de una verdadera enfermedad que requiere tratamiento.
No es algo para preocuparse, pues aún en los casos serios,
una terapia oportuna suele resolver el problema satisfactoriamente en poco tiempo.
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